Capítulo 3 de 11
Ética
Puesto que la ética es una materia acerca de la cual todos tenemos ya opiniones, es importante describir la relación entre la ética instintiva y la ética racional.
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Si propongo una teoría científica que invalida completamente la habilidad de un jugador de baseball para atrapar una pelota al vuelo, tendré que enfrentar el imposible desafío de explicar cómo es que el jugador de baseball efectivamente puede atrapar la pelota. Si además mi espléndida teoría no es capaz de predecir ni remotamente la trayectoria de una pelota en vuelo, tengo una “gran verdad” que contradice a una “pequeña verdad”, por lo cual aquella no puede ser válida. Como la idea misma de consistencia lógica surge directamente de las “pequeñas verdades” de la experiencia perceptiva, cualquier teoría que directamente contradiga dicha experiencia no puede ser válida.
En otras palabras, la lógica se origina en los sentidos — por ende la lógica no puede contradecir la evidencia de los sentidos. La evidencia siempre supera a la explicación.
Del mismo modo, cualquier teoría ética válida debe poder explicar y justificar nuestra común repugnancia para con crímenes tales como el asesinato y la violación. No puede razonablemente contradecir las prohibiciones universales de la humanidad; más bien debe incorporarlas y explicarlas con precisión.
No obstante, al igual que la física einsteiniana nos ha proporcionado verdades asombrosas — de hecho, habría resultado escasamente valiosa si esas verdades no hubieran sido sorprendentes — las teorías éticas añaden valor en tanto revelan verdades asombrosas — incluso impactantes. De hecho, las teorías éticas que no proveen este tipo de verdades, meramente confirman las preferencias intuitivas ya existentes, y en consecuencia son de poco valor.
LA DISCIPLINA DE LA ETICA TEORICA
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Cuando hablo de una preferencia universal, me refiero a lo que es objetivamente requerido, o necesario, asumiendo un objetivo determinado. Si yo quiero vivir, no tengo que gustar necesariamente del jazz, sino que debo comer. “Comer” no deja de ser una preferencia personal — no tengo que comer, en el mismo sentido en que tengo que obedecer a la gravedad — pero “comer” es un requerimiento universal, objetivo y vinculante para seguir con vida, ya que se basa en hechos biológicos indiferentes a nuestra voluntad.
Como disciplina, la ética puede ser definida como toda teoría concerniente a la conducta humana preferible, que es universal, objetiva, coherente — y vinculante.
Naturalmente, la conducta preferible sólo puede ser vinculante si el objetivo en cuestión es deseado. Si yo digo que es preferible para los seres humanos ejercitarse y comer bien, no estoy diciendo que los seres humanos no deben sentarse en el sofá y comer papas fritas. Lo que estoy diciendo es que si usted quiere estar sano, debería hacer ejercicio y alimentarse bien.
Como bien señaló Hume, no es posible derivar un “debe” de un “es”. Esto significa que una preferencia universal no puede ser axiomáticamente derivada de la existencia. Es cierto que un hombre sedentario y sobrealimentado será poco saludable. ¿Esto quiere decir que “debe” hacer ejercicio físico y someterse a una dieta balanceada? No. El “debe” está condicionado por una intención. Si él quiere ser saludable, debe ejercitarse y alimentarse bien. Es cierto que si un hombre deja de comer, morirá de inanición — es un hecho, pero no podemos derivar lógicamente de ello un principio vinculante, como “él debe comer”. Si él quiere vivir, entonces debe comer. Esto no lo inferimos directamente de la realidad objetiva, sino de su intención (vivir o morir).
De igual modo, no hay tal cosa como una dirección universalmente “superior” a las demás — todo depende de cuál sea el destino deseado. Si quiero manejar desde San Francisco hasta Nueva York, “debo” dirigirme hacia el este.
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Una conducta existe en la realidad objetiva, fuera de nuestras mentes — los conceptos “debe”, “debería” y “preferencia” no existen fuera de nuestras mentes.
Sin embargo, el hecho de que “debe” no existe en la realidad objetiva no significa que “debe” es completamente subjetivo. Tampoco existen en la realidad el método científico ni los números, y tanto la ciencia en general como las matemáticas en particular constituyen disciplinas objetivas.
ARGUMENTOS QUE SE AUTO-ANIQUILAN
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En general, cualquier teoría que se contradice a sí misma no puede ser válida. No hace falta refutarla, ya que se refuta a sí misma. No necesitamos examinar hasta el último rincón del universo para determinar que un “círculo cuadrado” no existe.
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Si me acerco y le digo: “La verdad no existe”, estoy afirmando algo que a mi entender es verdad mientras proclamo que la verdad no existe. Mi argumento se autodestruye.
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